La vida de Palito Ortega, uno de los íconos más representativos de la música pop argentina, ha estado marcada por una mezcla de éxitos y tragedias. A sus 80 años, Ortega, conocido como “el hombre triste de las canciones alegres”, ha compartido en diversas entrevistas los aspectos más difíciles de su trayectoria. Nacido el 28 de febrero de 1941 en Lules, Argentina, en un hogar de extrema pobreza, desde joven mostró una pasión inquebrantable por la música. A los 16 años, se trasladó a Buenos Aires con el sueño de convertirse en cantante, enfrentándose a una serie de desafíos que lo llevaron a vender café y periódicos para subsistir.
A pesar de los obstáculos, su carrera despegó tras formar parte de la banda de Carlino, donde ganó visibilidad. Sin embargo, su vida personal estuvo marcada por el dolor. La muerte de su hermana y el divorcio de sus padres lo afectaron profundamente. En la década de 1960, encontró el amor en Evangelina Salazar, con quien se casó y formó una familia numerosa. Evangelina dejó su carrera actoral para dedicarse a su hogar, creando un ambiente familiar donde el amor y el respeto eran prioritarios.
La vida de Ortega también dio un giro inesperado cuando se adentró en la política, siendo elegido gobernador de Tucumán en 1991. A pesar de los escándalos y críticas, su deseo de servir a su comunidad fue una constante en su carrera. Ortega ha reflexionado sobre su trayectoria, recordando que la música no solo le trajo fama, sino también las herramientas para superar adversidades.
En su reciente gira de despedida, Ortega ha expresado su gratitud por los aprendizajes de su vida. Para él, el verdadero éxito radica en el amor de la familia y en el legado musical que ha creado. Su historia sigue inspirando a nuevas generaciones, recordándonos que, a pesar de las dificultades, la perseverancia y el amor son la clave para enfrentar la vida.