A los 80 años, el controvertido sacerdote conocido como “Padre Pistolas” ha decidido romper el silencio y revelar la verdad detrás de su vida llena de desafíos y polémicas. José Alfredo Gallegos Lara, oriundo de Tarimoro, Guanajuato, ha sido una figura notable dentro de la comunidad católica en México, desafiando a la Iglesia y enfrentando a políticos corruptos mientras portaba armas en un entorno marcado por la violencia.
Desde su infancia, la fe ha sido un pilar en su vida, alimentada por una madre devota y un padre trabajador. Sin embargo, su vocación sacerdotal no estuvo exenta de dudas. A los 17 años, ingresó al seminario, donde se destacó por su enfoque en el servicio social y su deseo de mejorar la vida de los más necesitados. Su estilo pastoral, caracterizado por un lenguaje accesible y una cercanía con la comunidad, lo llevó a convertirse en un líder admirado y, al mismo tiempo, criticado.
El apodo “Padre Pistolas” surge de su decisión de portar armas como defensa ante la violencia que azota su región. Argumentando que la autodefensa es un derecho, ha desafiado la jerarquía eclesiástica y ha criticado abiertamente la corrupción dentro de la Iglesia. Su actitud combativa le ha valido tanto seguidores fervientes como detractores que consideran inapropiado su enfoque.
Recientemente, el sacerdote admitió que su vida ha estado marcada por un constante enfrentamiento con las normas eclesiásticas y que su misión va más allá de lo convencional. A pesar de su suspensión por parte de la Iglesia, ha continuado su labor en las comunidades, utilizando plataformas digitales para llegar a sus fieles y expresar su crítica hacia el sistema.
La revelación de su historia plantea interrogantes sobre el papel de un sacerdote en la sociedad moderna y la necesidad de adaptarse a las realidades que viven las comunidades. La figura del “Padre Pistolas” sigue siendo un símbolo de resistencia y compromiso, recordando que la fe y la acción deben ir de la mano en la lucha por la justicia social.