La música regional mexicana ha perdido a dos de sus más grandes exponentes, Cornelio Reina y su hijo Cornelio Reina Jr., quienes fallecieron a la edad de 50 años, dejando un legado musical que perdura en el corazón de sus seguidores. La historia de esta trágica pérdida se remonta a los humildes inicios de Cornelio Reina en el rancho de Notillas, en Parras, Coahuila. Desde joven, mostró una pasión por la música que cultivó mientras trabajaba en una fábrica de ladrillos en Monterrey. A los 16 años, comenzó a tocar el bajo 𝓈ℯ𝓍to, instrumento que lo definiría como artista.
Cornelio formó parte del Dueto Carta Blanca y, posteriormente, de Los Relámpagos del Norte, donde su voz y estilo revolucionaron la música norteña. A partir de 1963, su carrera despegó con éxitos como “Ya no llores” y “Capullito de Rosa”, consolidando su presencia en el norte de México y el Valle de Texas. Tras la separación de Ramón Ayala, Cornelio continuó su camino con Los Reyes del Norte, creando una fusión única entre el norteño y el mariachi.
El 22 de enero de 1997, Cornelio Reina falleció en la Ciudad de México debido a complicaciones relacionadas con una úlcera estomacal. Su muerte, que conmovió a la comunidad musical, fue seguida por un emotivo homenaje en la Plaza Garibaldi y una multitudinaria despedida en Reynosa, Tamaulipas. Su legado fue honrado con una efigie en la Plaza Garibaldi y el nombramiento de una calle en su honor.
El legado de Cornelio Reina se extiende a su hijo, Cornelio Reina Jr., quien falleció en 2011, y su nieto, Cornelio Reina III, quien continúa la tradición familiar. A lo largo de su carrera, Reina Jr. lanzó varios álbumes y se esforzó por mantener viva la música que su padre había popularizado. La historia de esta familia es un testimonio del impacto que la música regional mexicana ha tenido en la cultura y la identidad de millones de personas. La memoria de Cornelio Reina y su hijo perdura a través de sus canciones, que siguen resonando en los corazones de sus admiradores.